“Yo nunca…”, nunca
Miércoles, 4 de Marzo de 2009 por Jónathan
“Yo nunca…” es la nueva sección, que como siempre, voy a leerlo yo solo. Es un juego de palabras esto de “yo nunca” porque siempre que decimos “yo nunca…” en realidad es que ”todos alguna vez…”. Algunos nos salvamos se salvan. (He copiado la tecnica del tachado de otros blog, me gusta, resalta la ironía carente en la palabra escrita).
La primera experiencia a contar del “Yo nunca…” es:
Yo nunca he utlizado un baño público.
Cuando da el apretón, el apretón de grado 15, no podemos ser sibaritas del reservado pues cuando el rio suena, agua lleva. Depende de donde estemos, ya sea un bar, un café, un restaurante, la oficina, un hotel, etc… Solemos buscar el baño más limpio y a su vez el que más intimidad ofrezca. Si estamos en un bar de noche cuyo aseo recibe la visita de usuarios continuamente, seguro que las condiciones higiénicas no son las deseables por lo cual hacemos un ejercicio de vientre y de esfinter, se cierra la escotilla de al estilo nave espacial de Star Wars para que Luck Skywalker no pueda salir en su jet. En este caso no tenemos un jet saliendo ni a Luck sino una nave nodriza organica con máiz y lechuga a modo de Han Solo y Chewaka.
Los que trabajen en un gran edificio sabrán que la planta donde están los jefes o altos cargos, por norma siempre tienen los aseos limpios. Por el contrario hay que evitar aquellos más accesibles puesto que tambien reciben muchas visitas continuadas y el personal de limpieza no tiene tanta presión en sacar brillo esas dependencias de la plebe.
Una vez que hemos osado entrar, observamos las instalaciones del aseo. Normalmente nos fijamos en varios puntos como por ejemplo, el grado de intimidad que ofrecen los baños, sus aberturas superiores e inferiores y la seguridad del pestillo de la puerta. También es un punto fuerte la calidad, rugosidad, aspereza y calidad del papel higienico. Según la categoria del baño tenemos una amplia gama que va desde los reciclados de periódicos de la rama lija del 7 especial cemento y las caricias de algodón beso de ángel. Este último no es muy común.
Como en una ruleta rusa no metemos en el más alejado de la puerta y observamos la limpieza, si el bater se asemeja a los puntos negros de una carretera donde se aprecia los derrapes de los coches, optamos por el siguiente. Una vez asegurado el puesto, es decir, no hay restos de filamentos rizados, no hay frenazos ni derrapes en la roca blanca, el último usuario tiró de la cadena ya sea por educación, civismo o mismo para ver que función tenía el botón plateado y sobre todo que hay una gran cantidad de papel, ya podemos proceder a la práctica. Consejo de última hora: Si creemos que Han Solo no va tan solo, es decir, que la nave nodriza carga una buena tropa de Ewoks y Jedis… Mejor será llevarnos un poco de lectura, por ejemplo, el folleto del Sindicato de turno que con esto de los despidos hay mucho panfleto suelto. El móvil es una buena opción, siempre en silencio y si te da por mandar sms a tus amigos, no les cuentes dónde estás, qué haces y sobre todo como de alucinante es la Guerra de las Galaxias que te estas montando.
Cuando creemos que se ha terminado la faena, digo “creer” porque nunca se termina en realidad, esperamos que no haya nadie para no delatar nuestra posición. En este caso me acuerdo de las avestruces. Cuando nos cuentan o vemos que este animal esconde su cabeza en la tierra para ocultarse, pensamos que es muy tonto porque todo el cuerpo se queda fuera. Bueno, igual de tontos somos nosotros que cuando entra alguien al baño nos quedamos en silencio sin movernos para pasar desapercibido aunque la luz de nuestro cubículo esté encendida, la puerta cerrada, unos zapatos con pantalones bajados asomandose y un olor espeso que nos delata. No, el que entro al baño no sabe que estamos allí, no. Avestruces tontas…
Despues de todo esto, cuando salimos de allí, pensamos que ya pasó, que nuestros compañeros no se van a dar cuenta de nuestra larga ausencia, porque ellos no son cotillas, porque una visita de aguas menores o un cigarro no durá tanto y el café en el trabajo no se toma solo. Mientras salimos de allí, buscaremos una excusa que, aunque no convezca a los demás, basta con que a nosotros si. Mientras llegamos a nuestro puesto creemos que seguimos oliendo a baño y damos un largo recorrido para cambiar de aires. Cuando te sientas en tu sitio es realmente cuando aprecias tu baño, sobre todo el papel caricias de algodón beso de ángel, que el contacto con tu silla incomoda de oficina, te recuerda tanto.
Que la fuerza te acompañe.