Reflexiones al volante
Miércoles, 24 de Junio de 2009 por Jónathan
Después de un chiste muy malo…
No os pasa que siempre que vaís aparcar en una zona que sabéis que hay dificultad para tal misión. Ya sea vuestra casa o trabajo y que exige que déis mínimo 3 vueltas. Una de reconocimiento para aparcar lo más cerca posible, la ley del mínimo esfuerzo. Luego, vaís ampliando el radio de búsqueda una manzana cada vuelta hasta que os dais cuenta que coger el bus no era tan mala idea.
Despues de dar mil vueltas con la esperanza de que con tantos coches alguno tendrá que salir. Si, es cierto, alguno sale, pero nunca eres tu el que está allí para cogerlo. Lo peor es que entre que cada uno se mete en el coche, sale, marcha trás, el otro aparca, si es patoso, y tal… LLegas muy tarde y/o desesperado a donde tengas que ir.
Al final, muy al final, y muy lejos, has encontrado un sitio. Y como el mejor letrado del mundo dice, el Sr. Murphy, siempre llegarás a tu destino y habrá algún hueco en la puerta que cogerá aquel que acaba de llegar.
No obstante, hay gente que tiene la capacidad para dejar su coche en cualquir sitio mal aparcado y quedarse con total tranquilidad. Otros, (silbido) con dejar un rueda encima de un bordillo, dejar aparcado el coche en un vado 5 minutos, aparcar dejado medio centimetro en zona amarilla, etc… no les deja disfrutar. La película que has ido a ver se colapsa con los pensamientos de la grua llevandose tu coche. La copa que te has ido a tomar resulta cara al pensar que se suma con la multa de turno.
En esta ocasión Murphy no se equivoca, la grua ni la policia suele pasar por allí, como te decía la del bar de enfrente, pero esta vez, tu coche no está y, si está, en el parabrisas no hay un panfleto de clases particulares sino una particular multa. Justo ese día pasaba un Hummer y no le dejabas entrar a su garaja o pasar por el espacio que habías dejado.
Y por qué cuando vamos a por nuestro coche y no está en la plaza donde “pensabamos” que estaba, nos alteramos pensando que nos lo han robado. Y es que la mente a veces nos juega malas pasadas.
Recuerdo un amigo que fue a por su coche para llevar a otra persona al aeropuerto ya que tenía su maleta previamente en el maletero. Al ver que su coche no le abría con el mando y la llave parece que no funciono pues se apresuro en pedir un taxi. Era una persona muy importante la que viaja y no podía perder el vuelo. Al ver que el equipaje lo tenía dentro del coche, la opción del taxi era buena a medias. La solución final fue, en un gesto desesperado, romper el cristal para abrir el maletero cuando se fijo que dentro no había nada. Luego al rato cayó en la cuenta de que ese no era su coche y que el suyo estaba aparacado tres puestos más allá. Divertido.
En fin, precaución al volante y fuera de él.